Fitch Ratings 2025: Brasil no recuperará el grado de inversión a corto plazo según analistas
- ¿Por qué Fitch mantiene una visión pesimista sobre Brasil?
- El fantasma de 2015: ¿Qué cambió desde la pérdida del grado de inversión?
- Obstáculos políticos: ¿Por qué cuesta tanto hacer ajustes?
- ¿Hay alguna luz al final del túnel?
- Perspectivas a futuro: ¿Qué podría cambiar la situación?
- Preguntas frecuentes sobre el grado de inversión de Brasil
En un evento reciente, Shelly Shetty, directora de calificaciones de Fitch para las Américas y Asia, dejó claro que Brasil no recuperará su codiciado grado de inversión en el corto plazo. Los problemas fiscales estructurales, el bajo crecimiento del PIB y la rigidez presupuestaria siguen siendo obstáculos importantes. Aunque el país tiene algunos puntos fuertes como una economía diversificada y reservas internacionales sólidas, la deuda pública cercana al 80% del PIB y los altos intereses mantienen a Brasil en la categoría BB. ¿Qué necesitaría cambiar para que Fitch revise su perspectiva? Siga leyendo para descubrir los detalles completos del análisis.
¿Por qué Fitch mantiene una visión pesimista sobre Brasil?
Shelly Shetty, la experta de Fitch, fue categórica: "No anticipamos que Brasil recupere el grado de inversión a corto plazo". Y cuando alguien con su experiencia habla, conviene escuchar. La credibilidad fiscal del país sigue siendo cuestionada año tras año por los participantes del mercado, algo que personalmente he notado en muchas conversaciones con colegas del sector.
Los principales culpables de esta situación son tres: primero, ese elefante en la habitación llamado déficit fiscal; segundo, la rigidez presupuestaria que limita la capacidad de maniobra; y tercero, el bajo crecimiento estructural del PIB brasileño, que apenas ronda el 2% anual. Vamos, que es como intentar correr un maratón con los zapatos atados.
El fantasma de 2015: ¿Qué cambió desde la pérdida del grado de inversión?
Recordemos que Brasil perdió su grado de inversión en 2015, durante la crisis fiscal del gobierno de Dilma Rousseff. Normalmente, los países tardan unos seis años en recuperarlo, pero Brasil parece ser la excepción que confirma la regla. Y es que, como bien señaló Shetty, cuando el país obtuvo el grado en 2008, las perspectivas de crecimiento eran del 4% anual y el déficit rondaba el 3% del PIB. Hoy esos números son muy diferentes.
La deuda pública brasileña es ahora casi del 80% del PIB, comparado con menos del 60% en 2008. Peor aún, crece más rápido que en otros países con calificación BB, principalmente por esos intereses que nos duelen hasta el alma. El déficit nominal ronda el 8%, cuatro veces más que el promedio de sus pares. ¡Hasta un niño con calculadora vería que esto no suma!
Obstáculos políticos: ¿Por qué cuesta tanto hacer ajustes?
Aquí viene lo jugoso: según Fitch, hay una percepción generalizada entre la clase política de que los ajustes fiscales son innecesarios. Con elecciones en el horizonte, el riesgo de que se relajen las reglas fiscales es real. Y no es para menos - en mi experiencia cubriendo mercados emergentes, siempre que se acerca la temporada electoral, la disciplina fiscal suele ser la primera en irse de vacaciones.
El gobierno actual también enfrenta dificultades para aprobar medidas de recaudación en el Congreso. Es como intentar armar un rompecabezas con piezas que cambian de forma constantemente. Las demandas sociales, aunque legítimas, complican aún más los intentos de controlar el gasto público.
¿Hay alguna luz al final del túnel?
No todo son malas noticias. La economía brasileña tiene sus puntos fuertes: es diversificada y tiene poca exposición directa a Estados Unidos, lo que la protege de posibles guerras comerciales. Además, las cuentas externas y las reservas internacionales son sólidas, el sistema monetario goza de credibilidad y las reformas recientes ayudan a mantener la calificación actual.
Shetty mencionó que verían positivamente "políticas que aumenten nuestra confianza en que se podrá estabilizar la deuda pública en el mediano plazo". También destacó que reformas que mejoren la dinámica de inversión y crecimiento serían bien recibidas. Vamos, que la pelota está en el tejado de Brasil.
Perspectivas a futuro: ¿Qué podría cambiar la situación?
Para que Fitch revise su postura, Brasil necesitaría mostrar progresos concretos en tres frentes: 1) control del crecimiento de la deuda pública, 2) aumento del potencial de crecimiento económico, y 3) mantenimiento de la disciplina fiscal durante el ciclo electoral. No es tarea fácil, pero tampoco imposible.
Como analista financiero, he visto países salir de situaciones peores. El caso de México tras la crisis de 1994 viene a la mente. Pero requiere voluntad política y consenso social que, por ahora, parecen escasos en el panorama brasileño.
Preguntas frecuentes sobre el grado de inversión de Brasil
¿Qué es exactamente el grado de inversión?
El grado de inversión es una calificación crediticia que indica bajo riesgo de impago. Lo otorgan agencias como Fitch, Moody's y S&P Global a los países que cumplen con ciertos estándares de solvencia fiscal y estabilidad económica.
¿Cuánto tiempo suele tomar recuperar el grado de inversión?
Según datos históricos, los países tardan en promedio seis años en recuperar el grado de inversión después de perderlo. Brasil lo perdió en 2015, pero Fitch considera que aún está lejos de recuperarlo.
¿Qué beneficios trae el grado de inversión?
Atrae más inversión extranjera, reduce los costos de financiamiento y mejora la percepción general del país en los mercados internacionales. Es como tener un sello de calidad para tu economía.
¿Qué otros países comparten la calificación BB de Brasil?
Entre otros, están Costa Rica, Panamá y Turquía. Todos comparten desafíos similares en términos de crecimiento económico y sostenibilidad fiscal.
¿Cómo afecta esto al ciudadano común brasileño?
A largo plazo, puede significar menos inversión en infraestructura y servicios públicos, además de posibles aumentos de impuestos para cubrir los déficits. Pero también crea oportunidades para reformas estructurales que podrían beneficiar a la población.