RWE sorprende con ganancia inesperada de 200 millones de libras por venta de centro de datos en Reino Unido

RWE acaba de clavar un golpe maestro en el mercado energético británico. La venta de su proyecto de centro de datos generó una inyección de cash que ni los analistas más optimistas vieron venir.
El jugoso beneficio de 200 millones de libras llega en un momento clave para la compañía. Mientras la competencia sigue lamiéndose las heridas de la crisis energética, RWE demuestra que sabe jugar sus cartas en el tablero de la infraestructura digital.
¿El detalle irónico? Este centro de datos probablemente terminará minando Bitcoin para algún fondo de inversión hambriento de rendimientos en tiempos de tasas bajas. Así es el capitalismo del siglo XXI: primero vendes la infraestructura, luego le vendes la energía para alimentarla.
El auge de la IA desata una carrera por el poder y la adquisición masiva de terrenos para centros de datos
Según los analistas de Jefferies, la decisión de RWE de vender tiene todo el sentido. La demanda de computación para IA, que consume mucha energía, está convirtiendo los centros de datos en auténticas minas de oro.
Estos gigantes tecnológicos (como Google, Microsoft, Meta y Amazon) están invirtiendo miles de millones en nuevas infraestructuras, que consumen energía a un ritmo vertiginoso, como si fueran minas de criptomonedas en pleno auge. La infraestructura que vendió RWE es una antigua central de carbón en el Reino Unido.
Michael Mueller, director financiero de RWE, afirmó : “El auge de la inteligencia artificial está impulsando la demanda mundial de electricidad y, por lo tanto, la demanda de energías renovables”.
Y no le falta razón. Según Barclays, los cinco mayores hiperescaladores están en trac de duplicar sus en centros de datos para 2027, alcanzando los 500.000 millones de dólares anuales.
A principios de este año, RWE recortó 10.000 millones de euros de sus planes de inversión en tecnología verde, alegando el aumento de los costes de los proyectos, especialmente en (como era de esperar) Estados Unidos.
Mientras todo esto sucede, hablemos de quién controla realmente RWE, porque, sorprendentemente, los inversores minoristas controlan el 52% de la compañía, según datos de Bloomberg, mientras que las instituciones poseen el 39%, una señal típica para una gran empresa energética. Sin embargo, no hay fondos de cobertura a la vista, y el mayor accionista individual es Qatar Holding LLC, con el 9,2% de las acciones. Le siguen los dos siguientes accionistas con el 5,3% y el 4,9%, respectivamente.
Incluso Capital Group, la gestora de activos estadounidense, acaba de adquirir una participación del 3% en RWE.
Pero ante el aumento de los riesgos del proyecto y la creciente dificultad para predecir la rentabilidad, no tuvo más remedio que recortar los gastos superfluos de su presupuesto, que ascendía a unos 10.000 millones de euros.
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